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Prostitutas para menores prostitutas negras mamando

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España , ya se sabe, es el tercer país del mundo con mayor demanda de sexo de pago y el primero de Europa, como ya recogía en un informe de la ONU. Para ellos, el sexo de pago es algo normal. Ya arrojó datos sorprendentes el estudio sobre prostitución que en García Vicente y otros investigadores realizaron entre estudiantes universitarios masculinos de hasta 25 años de Económicas, Derecho, Trabajo Social y Psicología eligieron Económicas y Derecho porque de esas carreras suelen salir quienes luego ocupan puestos de poder, y Trabajo Social y Psicología porque son dos disciplinas que se ocupan de la prostitución.

Los estudiantes de Derecho fueron los que se llevaron la palma. Para ellos era algo completamente banalizado, que hacían por pura diversión", asegura María José Barahona , otra de las autoras de la investigación. En mi opinión no se puede regular algo que conlleva violencia de género", sentencia García Vicente, quien no duda en cargar buena parte de la responsabilidad en la propia sociedad.

Y, si no tienen dinero para eso, echan a suertes quién se va con ella". Barahona ha visto con sus propios ojos a menores de edad en la Casa de Campo de Madrid, chavales de 14 y 15 años que sorteaban entre ellos quién se ganaba que una prostituta le hiciera sexo oral. Lo consideran una diversión, no lo ven como lo que es: Por lo general son chavales adictos a la pornografía y a las citas sexuales, que disponen de unos euros al mes y que se lo gastan todo en prostitutas".

Este psicólogo también ha constatado que ir de putas se ha convertido en una moda juvenil. Ir a prostíbulos se ha convertido en una seña de identidad. En , un sondeo realizado por la Fundación Atenea también ponía sobre el tapete cómo los jóvenes madrileños entre 16 y 24 años ya tenían una visión bastante particular sobre la prostitución.

Si pagan 20 euros se ahorran todos los prolegómenos. Muchos tienen problemas para contactar con el otro y pagar les permite ir al grano. Barahona comparte esa opinión: Ellas les sonríen, les halagan, les hacen sentirse estupendos Y a ellos les gusta eso y saber que tienen las riendas del poder en esa relación, porque el que paga exige, y luego alardean ante el grupo.

Para esta profesora de Trabajo Social esto "deja en evidencia que hemos avanzado poco en igualdad de género. Iniciar sesión para participar. ElCosmonauta Cerrar Bueno, quien se extrañe por esto vive en otro planeta.

Por lo menos hasta los 30 que ya empiezan a pasarsele el arroz y tiene que bajar pretensiones. La famosa hipergamia por la que muchas acaban solteras y con gato. Lo siento por ti, porque veo que te da rabia que la mujer tenga deseos sexuales, porque no van dirigidos a ti, por eso hablas así. No me importó nada, le devolví los pesos que me había dado. En la familia Pérez nunca se conocieron fiestas de 15 años, ni matrimonios, ni padres, ni maridos.

En esta casa se enseñó con la misma naturalidad a cocinar arroz con habichuelas, a rezar a la virgen de Altagracia —madre y protectora del pueblo dominicano— y a mamar huevo sexo oral. También se enseñó que cuando te llaman hija de puta en la calle no te ofendes porque sabes que es tu trabajo; y que tu madre es puta y tu abuela fue puta. Que siendo putas te han dado de comer. La herencia es sagrada para muchos dominicanos: El linaje de las Pérez no entiende de negocios millonarios.

Altagracia Pérez, de 51 años, sus hijas y su nieta han heredado el simple oficio familiar de ser puta, profesión cuyo abolengo comienza, dicen, con la humanidad misma. Andrés es donde viven los dominicanos que hacen felices las vacaciones de los gringos ansiosos por sol y arena.

La frontera es clara: Son las cinco de la tarde pero el sol conserva el ímpetu del mediodía. Las calles de tierra se evaporan en forma de polvo y en las pieles morenas de la familia Pérez no hay rastros de sudor.

Nadie se queja del calor. Altagracia Pérez, la matriarca, posee una casucha de paredes rosadas descascaradas que tiene un techo pobretón parchado con hule y tejas de zinc. En una maqueta desordenada de casas, la de las Pérez no destaca entre sus vecinas, todas igual de gastadas y a punto de caer. La vivienda tiene dos habitaciones que comparten la puta jubilada, dos hijas putas, una nieta puta, un bisnieto de menos de un año y la bisnieta de cinco. Las fichas se mueven sobre una mesa improvisada hecha de dos sillas enfrentadas.

A espaldas de las mujeres cuatro chavales juegan beisbol ruidosamente: Altagracia mira de reojo a su nieta, que tiene una ficha envidiada: La chica sonríe, se sabe a punto de un triunfo. Del cuello de la matriarca de las Pérez cuelga una cadena con la imagen de la virgen de Altagracia. Todo es de oro pero no hay brillo. Altagracia tiene los ojos negros de un cuervo y hastío en la mirada. Apenas pasa los 50 años pero luce como una anciana: A Altagracia la vida y los hombres le han pasado encima como rodillo.

Dicen que por eso casi no habla. Su hija Ramona y su nieta Isadora cuentan cómo se inició como puta y cómo ellas heredaron el negocio. Su nieta hace un movimiento ganador y la puta retirada refunfuña con voz ronca algo imposible de entender.

Como buena perdedora, Altagracia se levanta y la besa en la frente, orgullosa de la aprendiz que supera a la maestra. La niña vivió en ese rincón de malas estadísticas hasta los 10 años. La madre no podía mantener a siete hijos y una tía lejana se ofreció a ayudar. Propuso llevarse a la chiquilla a trabajar a un campo de caña y la viuda aceptó.

El trabajo de Altagracia consistía en permanecer totalmente quieta mientras hombres sudorosos penetraban su cuerpo de niña sin senos ni menstruación. Después de un año de trabajo, Altagracia menstruó, se embarazó de alguno de esos negros que se ganaban la vida a machetazos y parió una hija.

Minerva, Ramona y María, que falleció cuando era apenas un bebé, llevaron el apellido de Altagracia desde el nacimiento. Cuando empezaron a ejercer ya no se acostumbraba buscar clientes en los cañaverales.

En el dictador Rafael Leónidas Trujillo había impulsado el turismo en la playa de Boca Chica con la construcción del primer gran hotel de la zona: El balneario tenía 25 habitaciones que alojaban a políticos, artistas, hombres de negocios y personajes del jet set de la época.

Allí disfrutaron del sol el presidente argentino Juan Domingo Perón, la actriz americana Kim Novak y el dictador cubano Fulgencio Batista. Las fiestas que daba Trujillo en Boca Chica eran famosas y era bien sabido que las mujeres eran el plato fuerte para él y para todos sus invitados.

El dictador era conocido entre los habitantes de la isla por tener —por las buenas o por las malas— a toda mujer que se le antojase. Para finales de los años 70 el país era otro: Altagracia fue parte del paisaje que atraía a los gringos. La madre crió a sus pupilas Minerva y Ramona, quienes a los 10 años ya sabían un par de frases mal pronunciadas en inglés para tentar a clientes gringos.

Llegar a la playa es enfrentar a un ejército de comerciantes con insistencia de vendedores de infomercial. Todos buscan ganar unos pesos a costa de alguno de esos casi 5 millones de turistas que llegan cada año a su isla.

Un mulato flaco y alto como una palmera pasea en una bicicleta de tres ruedas con una canasta llena de cocos.

Refrescarse cuesta 30 pesos dominicanos, menos de un dólar. Una mujer con tetas como papayas ofrece a gritos yaniqueques, una especie de empanada frita sin relleno. Un negro regordete y de barba blanca tiene las manos llenas de pinzas rojas y antenas: Tres niñas de cabellos trenzados se pasean por la playa, se bañan en shorts y top, y sonríen a un par de viejos rubios y calvos.

Un revolcón con una niña de 40 kilos que apenas llega a la pubertad cuesta lo mismo que una langosta de gramos. No hay cifras, pero sí advertencias: Estamos de regreso en Andrés: Ramona, la hija menor de Altagracia, deja el juego de dominó y cede su turno a una vecina que llega de visita. Ofrece café y pone una olla tiznada al fuego. El olor del grano impregna el lugar y neutraliza el hedor a aguas estancadas que reina en la casa.

Ramona habla con todo el cuerpo: Con una mano gesticula y con la otra amenaza con echarse encima el contenido de la taza hirviente.

Comencé mamando huevo en la playa, aquí en Boca Chica, con los gringos. Me daban 30 dólar, 40 dólar, hasta Antes te daban tu buen dinero.

Ellos querían joderme y yo les decía que no, a lo mucho me dejaba dar broche. Dar broche es una expresión que usan los dominicanos para referirse a la fricción de los genitales sin permitir la penetración.

Altagracia puso una condición adicional a Ramona y Minerva: La mulata no quería nietos gringos. A los 12 años se acostó con un dominicano y nueve meses después parió una niña mulata como quería la matriarca. Le puso nombre de diosa y bailarina: La niña creció viendo a su madre abrirse a un gringo y a otro. Para no confundirla, Ramona le explicaba que esos hombres eran clientes, no amores: Ramona se sienta en una silla enana, sus nalgas sobresalen.

A pocos metros, la partida de dominó sigue animada. Altagracia reniega con los labios apretados, grandes surcos se abren alrededor de su boca. El término cuero entró en el diccionario de jerga dominicana en los primeros años de la era del dictador Trujillo. Los jóvenes usaban el matadero como casa de citas y los primeros manoseos adolescentes se hacían sobre los cueros. La piel de las vacas prestó su nombre al sexo y el sexo bautizó a quienes ofrecen la piel al deseo ajeno.

Aquí al lado atendía un cabaré que se llamaba María Juana. Yo sabía porque ella nunca venía a la casa de noche. Yo trabajé ahí un tiempo, mi hija también. El cabaré cerró hace unos años —agrega Ramona. El barrio donde viven estas mujeres no tiene nombre.

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Para mostrar cómo se coloca un preservativo mientras se chupa un pene, se mete a la boca la chancla rosa afelpada que su hija dejó tirada en el piso. El olor del grano impregna el lugar y neutraliza el hedor a aguas estancadas que reina en la casa. Y, si no tienen dinero para eso, echan a suertes quién se va con ella".

Aquí al lado atendía un cabaré que se llamaba María Juana. Yo sabía porque ella nunca venía a la casa de noche. Yo trabajé ahí un tiempo, mi hija también. El cabaré cerró hace unos años —agrega Ramona. El barrio donde viven estas mujeres no tiene nombre. Entrando al caserío, la quinta casa con un parqueo de motos afuera. Allí, en el caserío, todos saben quién es Altagracia. Su fama la precede porque la familia sufrió durante mucho tiempo un estigma: Ella recuerda que sus amigos solían atormentarla a diario, pero el drama se calmó con el tiempo.

Altagracia se volvió muy respetada en el barrio porque, por ser cuero, tenía efectivo, incluso llegó a prestar dinero con interés. Ramona nunca cuestionó a su madre. Ser puta fue para ellas una salida laboral. A mis hijas yo les enseñé que no se chinga sin que te paguen primero. Y por si acaso siempre cargo un puñalito conmigo. Se conjuga de muchas maneras pero en casi todas significa engañar.

En el léxico de las putas significa que el cliente, después de eyacular, no quiere pagar. Prostituta, puta, meretriz, zorra, loba, furcia, buscona, perra, golfa, mariposa, milonguera, cualquiera, ramera, arrabalera, cuero, vigota, trola, piruja, reventada, magdalena, bacana, bataclana, burraca, fulana, guarra, mujerzuela, facilona, banquetera, dulcera, hetaira, turra, zurrona.

Prostituta es una palabra que deriva del verbo latino prostituere —pro: El término se refiere a mostrar productos para la venta. La etimología de la palabra puta es otra historia. En Roma y Grecia Puta era el nombre de una diosa. Los agricultores veneraban a Puta con fiestas que podían durar días y las orgías eran parte del ritual de idolatría.

Para ella no había nada divino, nada de odas en su nombre. Era simplemente una puta de campo: Jaqueline Montero, presidenta del movimiento, dejó el trabajo sexual en para dedicarse a la vida política. Entonces obtuvo casi 5 mil votos y un puesto como regidora municipal de la comunidad de Haina. Desde ahí ha luchado contra la discriminación del oficio y ha logrado algunos acuerdos. Ellos piden dinero a las compañeras e incluso servicios sexuales, también apresaban a nuestros clientes. Este año, en mayo, firmamos un primer acuerdo con el gobierno para que esto pare —dice Montero.

Ella espera lanzarse como diputada en y conseguir la aprobación de una ley que regule su gremio. Un sector que, afirma, contribuye mucho a la economía nacional. Las cifras son inexistentes, pero los cueros en las calles confirman su dicho.

Otra vez regresamos a Andrés. El cielo se pinta de naranja y rosa. Isadora vuelve victoriosa de otra partida de dominó. La nieta de Altagracia, tercera generación de cueros, tiene 24 años, aliento a cerveza y cabellos pintados de rubio en trenzas.

Después de dos hijos su cuerpo conserva piernas torneadas sin esfuerzo alguno —Isadora no conoce un gimnasio por dentro—, cintura estrecha y abdomen firme.

Lleva aretes en el labio, la lengua y el ombligo. Desde niña supo que su padre la negó, que su madre era puta y que ella también lo sería. No quería ser cuero de playa, sino también bailarina. Hay hombres que lo pinchan antes de ponérselo.

Isadora habla con la boca llena. Para mostrar cómo se coloca un preservativo mientras se chupa un pene, se mete a la boca la chancla rosa afelpada que su hija dejó tirada en el piso.

Al tiempo que mami hace su demostración, la nena —negrita y regordeta como una aceituna— corretea en su vestido floreado: Vuelve con el café y con su nieto que acaba de despertar. El niño tiene 10 meses y llora. Isadora se levanta y lo carga. El nene va desnudo, dicen, por el calor. Isadora lo calma, lo besa. Yo incluso con las dos panzas embarazos anduve un buen de cabaré. Una no lo hace por gusto.

Nosotras nos tenemos que buscar la vida solas, aquí no hay trabajo. Los dominicanos se la saben de memoria. Sólo hasta , la Organización Internacional para las Migraciones OIM calculaba que unas 60 mil mujeres dominicanas se dedicaban a la prostitución en el extranjero.

Ninguna institución tiene estadísticas reales. Los esfuerzos del gobierno para evitar la prostitución de menores se limitan a acuerdos. La familia de Altagracia es un ejemplo: Estas mujeres alegremente vaticinan una vida de prostitución para su cuarta generación: Isadora trenza el cabello negro de su hija. A sus 24 años no ha cumplido su sueño de ser bailarina exótica. Sólo bailó en algunos cabarets de mala muerte. Isadora cree que las mujeres que se van a trabajar a Europa o Estados Unidos son las que progresan, las que construyen para sus familias casas firmes.

Mira, apenas tiene cinco años y ya se nota que va tener buen cuerpo. Va a ser buen cuerito. Pero ella tiene que ser de las que salen de esta isla.

Isadora ve a su hija corretear por el patio, dice que tiene que cuidarla para que no le pase nada. Luego se levanta la blusa y muestra una cicatriz en el abdomen. Tiene otra en su brazo derecho. La primera es el mal recuerdo de un cliente violento, la segunda un accidente de infancia. Pero su hija no puede tener cicatrices.

Su razón no es la de cualquier madre: La nena regordeta parece no oír nada. Corre hacia su habitación y regresa con una gran sonrisa a la que le falta un diente. Muestra su juguete favorito: Recibir un email con los siguientes comentarios a esta entrada.

Recibir un email con cada nueva entrada. Ramona la mira y se ríe. Ahora se la ve tranquilita. Ramona dice que ella le dio todos los consejos del oficio a su hija Isadora. Isadora ríe a carcajadas. Isadora, muerta de risa, contesta: Ya arrojó datos sorprendentes el estudio sobre prostitución que en García Vicente y otros investigadores realizaron entre estudiantes universitarios masculinos de hasta 25 años de Económicas, Derecho, Trabajo Social y Psicología eligieron Económicas y Derecho porque de esas carreras suelen salir quienes luego ocupan puestos de poder, y Trabajo Social y Psicología porque son dos disciplinas que se ocupan de la prostitución.

Los estudiantes de Derecho fueron los que se llevaron la palma. Para ellos era algo completamente banalizado, que hacían por pura diversión", asegura María José Barahona , otra de las autoras de la investigación. En mi opinión no se puede regular algo que conlleva violencia de género", sentencia García Vicente, quien no duda en cargar buena parte de la responsabilidad en la propia sociedad. Y, si no tienen dinero para eso, echan a suertes quién se va con ella". Barahona ha visto con sus propios ojos a menores de edad en la Casa de Campo de Madrid, chavales de 14 y 15 años que sorteaban entre ellos quién se ganaba que una prostituta le hiciera sexo oral.

Lo consideran una diversión, no lo ven como lo que es: Por lo general son chavales adictos a la pornografía y a las citas sexuales, que disponen de unos euros al mes y que se lo gastan todo en prostitutas". Este psicólogo también ha constatado que ir de putas se ha convertido en una moda juvenil. Ir a prostíbulos se ha convertido en una seña de identidad. En , un sondeo realizado por la Fundación Atenea también ponía sobre el tapete cómo los jóvenes madrileños entre 16 y 24 años ya tenían una visión bastante particular sobre la prostitución.

Si pagan 20 euros se ahorran todos los prolegómenos. Muchos tienen problemas para contactar con el otro y pagar les permite ir al grano. Barahona comparte esa opinión: Ellas les sonríen, les halagan, les hacen sentirse estupendos Y a ellos les gusta eso y saber que tienen las riendas del poder en esa relación, porque el que paga exige, y luego alardean ante el grupo.

Para esta profesora de Trabajo Social esto "deja en evidencia que hemos avanzado poco en igualdad de género. Iniciar sesión para participar. ElCosmonauta Cerrar Bueno, quien se extrañe por esto vive en otro planeta. Por lo menos hasta los 30 que ya empiezan a pasarsele el arroz y tiene que bajar pretensiones.

La famosa hipergamia por la que muchas acaban solteras y con gato. Lo siento por ti, porque veo que te da rabia que la mujer tenga deseos sexuales, porque no van dirigidos a ti, por eso hablas así.

Es evidente q para perpetuar la especie tanto hombre como mujer, biológicamente, tienen q tener instintos y deseos. Decir de una mujer q es una estrecha t informo d q es insultante, es el extremo contrario del insulto d llamarla puta.

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